La última vez que vi al psiquiatra dijo: acostúmbrese a su trastorno, abrácelo, vívalo, contrólelo. No deje su medicamento. Hipotensión ortostática. La veo en un mes. Así que bueno, acá estoy haciendo la tarea para lo cual tengo que decir: pocas son las cosas que disfruto como escribir cuando me acaban de golpear.
Yo no trato nada, aplico herramientas
conductuales. Guaf. Claro que no siempre recuerdo salir de mis patrones, a
veces me es inevitable la náusea, sobre todo cuando el cerebro anda bajo de sus
propias sustancias y ahí ando arriba y abajo arrastrándome. Se puede vivir así,
claro que sí, pero cuando se cruza en el camino la gente con superioridad
moral, ¡uy! ¡Cristo, agárrame que me caigo!
Round 1
“Si ya no quieres vivir ¿porqué
sigues?” más o menos así iba acabando la
conversación con la señora que desde su banquito del edadismo me dijo dónde
debería yo estar parada, y todo lo que he de tragarme por cometer algo que ella
(yo no) considera un error. En realidad, no era una conversación, era su
oportunidad de escupirme en la cara su veneno; probablemente todo aquello que
le recuerdo que es.
Aquel intercambio de opiniones
acabó peor de lo que pensaba. Sí, resulta que yo no sé llevar mi distimia, la
uso de pretexto para no ser la persona que debería ser. Ni eso sé hacer ¡qué
barbaridad!
Round 2
Me siento aplastada por la
superioridad moral. Aunque podría resumir en dos o tres breves escenarios la
historia que me trajo acá, a los ojos hinchados y el labio roto, voy a
omitirlos porque en realidad sólo basta decir que una vez, sólo una vez salí
con alguien que justo hace unos minutos me propinó una tunda con un audio donde
masticaba su desayuno.
Sí, así de fácil soy de romper.
Todo empezó porque no hay tiempo,
no lo hay. Porque orquestarse las responsabilidades de vida es un lío, por más
que uno sea kantiano, el deber ser a veces no coincide con el del otro, o vaya,
también puede ser que los privilegios de uno choquen con el deber ser o la
voluntad ajena.
No, no soy fácil de romper, me
agarraron en el punto más bajo de mi amplitud de onda.
A diferencia de mis hermanos y
mis papás yo siempre ando con las emociones expuestas, me vale ser vulnerable… luego
ando llorando, salgo corriendo a los brazos y el hombro del Gato Cósmico (no,
no es un ser imaginario).
El error: le conté a un fulano hiperheterosexual
las vicisitudes que me triguerea su insistente presencia. Y que me
llueven los trancazos: yo sí sé sortear
las dificultades de la vida, yo sí tengo mis asuntos resueltos, tú deberías, yo
sí sería papá el noventa y nueve por ciento del tiempo, el trabajo que yo tengo
me da la vida que tengo y por eso mis amistades se adaptan a MÍ tiempo, bla,
bla, bla.
Qué encuentro tan desagradable,
entre la masticación y un discursito presuntuoso quedé aplastadísima. Otra persona
diciéndome cómo debería hacer las cosas y colocándose como excelso ejemplo. No,
no, no, esperen, no puedo omitir el “yo ya pasé esa etapa del sexo sin vínculo
afectivo”, OH MY!, OH MY! Sabrán, querida gente chismosa: el sujeto me contactó
con un speach inicial que rezaba “yo no quiero pareja, así solo estoy muy bien”.
El trancazo que me dejó en el
piso fue: no tengo depresión, he salido adelante muy bien. Creo que eres
buena persona, pero bueno, necesitas poner en orden tu vida familiar. Puedo
con eso y más querida. No te juzgo, pero hay cosas que no me corresponden.
Bueno, podría transcribir el audio
completo para acabar de entender qué carajo pasó. Pero lo realmente importante
es la respuesta a la pregunta ¿por qué me sentí tan golpeada?
Round 3
Tiene un año más o menos que dejé
una linda jaula de oro para tener control de mi vida, que pude, después de muchos
años, tratar esta repetitiva nostalgia –convertida en trastorno– que
me ha llevado a cometer catástrofes en contra de mi ser. Sí, quizá por eso hasta
lloré, quizá sí tiene razón, podría llevar mis asuntos mucho mejor, pero queeee
creen: los llevo como PUEDO llevarlos, con dosis mínimas de medicamentos psiquiátricos,
terapia, amigos que son familia y familia que son amigos.
Yo espero no tener el desagrado
de un tercer round, sobre todo con personas que yo no llamé a mi vida, y a
usted, señor horrendo hiperheterosexual: dese la oportunidad de ir a molestar
con su superioridad moral a gente adulta como usted, con una muy trabajada
madurez emocional. Yo acá nada más quiero clientes de Lacan, infantiloides
emocionales, gatos gigantes y lesbianas.
Gracias por leer, yo me voy a
Seattle invitada por la novia de mi amiga, claro, ahora voy a buscar señores
hiperheterosexuales que me canten sus pensiones, pero en dólares… Y recuerden amiguitos,
yo puedo mandar al carajo al que me tenía viviendo como reina, rogarle a un
fulano que sólo me soporta en insta stories pero nunca, nunca, nuuunca, negar a
la filósofa contemporánea Taylor Swift porque players gonna play, haters
gonna hate, heartbreakers gonna break, and fakers gonna fake.
El privilegio ciega.
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