Graciela tiene en casa un mapa enmarcado que corona el sillón de tres plazas donde sostuvo el llanto después de que colgara el teléfono con la noticia: Manuel se va a matrimoniar. Ese maldito con cara de soltero-por-siempre y actitud de no-soy-material-para-el hogar. Casi todos los días escucha el aplauso de salas de juntas o auditorios, salones llenos de mujeres que, ávidas de sabiduría milenial pagan enormes cantidades de dinero para por fin entender el secreto: cómo vivir sin hombres sin convertirse en extremista del feminismo. A Puerto Rican Housewife, Diane Arbus, NYC, 1963 XAVIER Cuando llega a casa, Xavier ladra su nombre mientras mueve la cola gustoso, acompaña a Graciela al descalzadero de todos los días; ve volar medias, sacos, blusas bordadas a mano y bolsos que bien podrían guardarlo y llevarlo a todos lados muy a la Paris Hilton de la primera década del XXI. Xavier puede leer-la muy bien: necesita escuchar que alguien diga su nombre en voz melodiosa...
Textos misceláneos