Ilustración de Peter Carrington
No recuerdo más que estar en una recamara, íbamos a ir a algún
lado, traías una playerota gris perla y unas licras blancas “¿así vas a ir?” te
pregunté, se me hacía tan raro de ti; contestaste que sí para luego dejarte
caer boca a bajo en la cama. Cuando desperté pensé que te veías triste.
¿Cómo estás?
Yo estoy disfrutando no correr de aquí para allá, te juro que no
extraño andar en el metro. Disfruto la casa, las cosas de ñora: coser, bordar,
leer, arreglar pequeñas cosas que uno deja por llegar cansado de trabajar. Por
fin estoy viendo las películas que no he visto, y escribiendo a las personas
que la vida de adulto no me deja ver.
Mood francés
Ahora escucho a La Femme, L'Hawaïenne.
No sé que me traigo con escuchar a los franchutes cantar; un amigo mío dice que
es el “cuarentenazo”. Puede ser. Hace un mes quería raparme por completo (¿te
acuerdas cuando andaba pelona?), pero me ha costado tanto dejarlo crecer, dejar
atrás lo disparejo de las rapadas, que ya no lo hice.
También he soñado mucho, con agua, a lo mejor porque soy cangrejo,
como tú, y el agua nos llama, sobre todo la del mar. Yo odio el calor y
preferiré siempre no vacacionar en la playa, menos si es popular, no obstante
el año pasado dio inició un crush con Acapulco ¡jamás lo hubiera imaginado!
Probablemente este mood
francés viene desde el año pasado y el encierro solo vino a evidenciarlo. El
año pasado, creo, perdí a mi mejor amigo. Le pasó lo mismo que al protagonista
de aquella historia que guía aquella película sobre sexo: al final, ¡uuujuuuj!
Un agujero lo succiona para aventarlo al final. En este caso el agujero lo
succionó a otra dimensión.
8.junio.20
Sesiones y jam
Parece que no hay testigos más fieles que los protagonistas de las
historias, Jane Austen me lo acaba de enseñar. También me dijo que confíe más
en mi cursilería, al final, todos los
cangrejos somos más carne que exoesqueleto, y qué más se puede ser que sólo uno
con sus cosas, sus carnes agraviadas.
Mi amigo no murió. Sólo lo perdí, ya sé, ya sé, otra vez; pero
ahora fue muy diferente.
La última vez que lo vi lo abracé muy fuerte, por si no lo volvía
a ver, no lo sabía pero algo parecido a un apocalipsis zombi iba a ocurrir, y
tal como lo pensé: si le pasa algo ¡quién carajo me va a avisar?
Nadie.
Porque soy un secreto estúpido, un deseo reprimido o eso, un
alguien más en la larga lista de gentes que conoce.
Esta vez pude identificar mi valiente egoísmo; es que me quitaron
mis muletas emocionales, quizá todo este tiempo (la verdad no estoy segura) mi
amigo nunca lo ha sido. Puede ser que siempre lo he imaginado y no existe, es
mi cabeza exponiendo sus deseos, sus caprichos no satisfechos.
Eso explicaría muy bien todas aquellas veces que lo he soñado. Lo
he soñado por meses, cada vez en escenarios más cordiales. Las últimas dos
ocasiones fueron especiales. Primero soñé que estábamos en nuestra casa pero el
escenario era una tlapalería, él lloraba. Después tuve la que, espero, sea la
escena final de esta obra onírico-dramática: iba de regreso a buscar algo,
estaba en una feria de pueblo. Pasé junto a un puesto de alcohol estilo old west, él era el bar tender. Platicamos, nos disculpamos, nos despedimos.
1.julio.20
Cumpleaños covid
Se acercan nuestros cumpleaños, el tuyo y el mío. Yo voy por 37
años de ser tormenta.
14.agosto.20
Sometimes I wonder if the world's so small
Ahora que el aborto anda en toda conversación pensaba ¿desde dónde
pensamos el aborto? ¿desde dónde opinamos? La lista de lugares no debe ser muy
larga.
Hace unos días vi una foto de Radamés en Facebook, recordé al
instante cuando nos juntamos estudiar los tres, lo bien que la pasábamos
platicando, escuchando música ¿Cuál mi opinión acerca de él? Pues no tengo
ninguna, eso me parece. Tengo un recuerdo y del recuerdo puedo formar una
descripción más que una opinión ¿es entonces que las opiniones son definiciones?
¿o son la descripción de una experiencia?
Aún no tengo las respuestas.
Lo que he tenido estos días son muchas ganas de escribir, de
dibujar, de estar muy presente en mi presente, a veces siento que de mis 17 a
mis 25 años estuve ausente, no recuerdo muchas cosas; puedo encontrar pequeñas fotografías,
imágenes borrosas, conversaciones… así tipo Memento. Pensaba que sólo tengo unas
cuantas personas con las que puedo platicar de esos años, testigos de mi sonambulismo.
A lo mejor por eso te escribo, creo que tengo un afán romanticista
de conciliar mis años asfixiados y mi presente. Es un necio intento.
No se puede unir un estambre cortado, a menos que un nudo le regrese
su continuidad… aparentemente.
¿Cómo estás? Yo no puedo dejar de extrañarlo. Pero ya no está. Tú
tampoco.
Todos se fueron.
¿Cómo estás?
Estoy
ResponderEliminar