33, 34 y 35, los años más difíciles de mi vida, hasta hoy. Desde que nació mi hija me vino una crisis existencial que me tomó por sorpresa, como si me hubiera estado acechando durante años, ¡zaz! Saltó desde la profundidad de mi inconsciente: ser madre de un bebé es mucho más difícil de lo que creía.
Me perdí a mi misma entre mis hijos y mi marido, he
tenido que luchar para no sumergirme en sus necesidades… no estaba lista para
esto. Poco a poco me voy sintiendo un poco más yo, remasterizada. Quizá porqué
heredé de mi abuela tirarme al drama pero siempre levantarme; puede ser también
por amistades como la de Carolina R. que me sacudió tan fuerte que se me cayeron
todas las convicciones que no me servían; o porque (a empujones) me puse a
dibujar, destiné tiempo para mí.
Pero estoy segura de que ha sido más que dejo de dar
vueltas y regreso a donde la salud mental: Dios.
Año nuevo
El año pasado ya fue el colmo de mis desgracias
existenciales, la dificultad ésta de encontrar trabajo, vivir lejos, ser madre
y una situación económica que nos pisa los talones en un camino de baches y
clichés, donde mi marido y yo hemos fortalecido una relación que empezara un
tanto cuanto insípida y que hoy no cambiaría por nada.
Perdí a mi mejor amigo y tampoco estaba lista para
eso (no se murió, es que ya no quiere ser mi amigo), ya escribiré de esto en
otra entrada porque ha sido todo un big
drama.
Tratar de entender, salir de estas situaciones, no
volverme loca o drogadicta, o ser madre fugitiva… todo esto lo he depositado en
días de puro llanto, oraciones desesperadas, la acuarela pero jamás en
propósitos.
Esa tradición tan kitch de atragantarse con uvas la
noche del último día del año, ¡uig! No es para mí, soy más del estilo show don´t tell; y es que, además, la
vida es de poner a prueba resoluciones. Eso, vivir, hacer.
Otro blog
lecteriano
Otra cosa que dejé de hacer casi por completo, además
de atenderme, fue escribir. Por casi seis años mi trabajo fue escribir,
escribir, escribir, corregir, corregir y editar; seguros, finanzas, economía,
emprendimiento. En 2015 cerré lecter
litterae.
Y de eso va este blog, de regresar a vomitar con los
dedos. Acá van a encontrar textos misceláneos; cuentos, quizá ensayo, pura
cháchara para poner en práctica –otra vez– la cosa bonita de escribir sobre lo
que no existe, lo que podría ser, ser madre, ser persona, perder a los amigos.
Ahora que se acabó el reto 365 días de práctica de acuarela, comienzo 52 semanas de Crónicas lectericas, que no es más que la segunda
parte del heroico intento de regresar a mí o de encontrarme entre la maleza de
mi cabeza.

¿Será que a cada entrada que publiques pudieras incluir también algo de lo que escuchas mientras escribes, o al terminar de hacerlo o cuando realizas tus esquemas de escritura?
ResponderEliminarInteresante propuesta, trataré de hacerlo.
EliminarWow!!! #SoyTuFan
ResponderEliminarDios te bendiga.
¡Gracias!
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