—Voy a dejarte hoy, 28 de diciembre, para que creas que no es enserio y me
busques después. No, voy a dejarte el último día del año, que sea tu cruel
desprecio la última campanada…— No es costumbre, pero sí es ejercicio aquello de
hablarle al espejo para ver lo ridícula que me vería, así me he librado de
muchísimas situaciones vergonzosas.
Al final no lo dejé, preferí irme
construyendo una verdad ¿o era una certeza?
Resultaron agravios inocentes,
errores, destiempos, sudor de manos, squirting, el mejor sexo que he tenido en
mi vida, mensajes diarios, fotos, videos, luego silencios. Todo acabó en una
estúpida tentativa de plagio: quise para mí un hombre que ya tenía su compromiso
–asquerosamente insulso– con otra mujer. Claro que no lloré. Eliza, sólo lo
viste contadas las veces con una garrita.
Amor: concepto bíblico, teología,
praxis
Así nada más una definición de amor en la Biblia pues no la hay, pero ahí
está. Es mucho más fácil recurrir a la teología, ¿y cuál? ¿luterana? ¿católica?
No, no, no, acá el punto es la brevedad para mi paz mental. Hay algo así como un
concepto paulino del amor, el famoso Corintios trece (de la primera carta) que
creyentes, fanáticos, ateos y otras chuladas se han encargado de distribuir como
merchandising de Frida Kahlo.
Aquel extracto bíblico sin duda es un
acercamiento, un pasito a la magnitud de la simpleza del amor cristiano que no
es más que pura praxis. Como le mama al coaching, pseudo psicólogos y gentes de
las redes sociales decir que el amor es decisión, es acción ¡ay, por favor! ¡YA
SE SABÍA! ¿no? ¿Jesús, verbo, acción, Dios, amor? Nada más ha que unir los
puntos.
Hace ya un buen rato que dentro de la variedad de los -digamos- ritos
cristianos se define al amor como un hacer, vaya, es πραξις, aquel “llevar a
cabo” que los griegos prestaron al primer cristianismo para sintetizar al Dios
de Juan; ya luego salieron con sus cosas “amar es elegir/decidir…”. Pues sí, eso
es el amor cristiano a little less conversation, a little more action en voz de
El Rey.
Ya si uno se pone más riguroso pues es Mateo 22:33; el amor es ley, por
lo tanto, obediencia, por lo tanto, confianza, es decir, fe. Momento, no es
obediencia a la retahíla de leyes del hombre, no, no, no; estamos hablando de La
Ley del Yo Soy.
No es que la Biblia sea compleja, exige tiempo, atención y guía.
El amor también. Si el amor cristiano es una gran patraña con fines de dominio
social, ¡uy! pues estoy envuelta en un gran lio que ha traído a mi vida paz y
gozo, que me ha rodeado de personas extraordinarias. Sí, ya sé, eso también lo
hacen el coaching y otras prácticas -casi siempre truculentas- ¿cuál es la
diferencia? ¿cómo sabemos que el amor cristiano no es más que un número más en
la lista de patrañas?
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—Voy a guiarte para que este obstáculo sea más leve—
después de darle una fumada al cigarro que puso sus labios serios, continuó.
—Hay un listado de alternativas, verás, defenderse es un derecho, si me permites
voy a mencionarte algunos ejemplos: definitivamente sentí algo, pero ya sabes
que no estoy a disposición. Por otro lado, soy un hombre de muchos vicios y
mañanas, si a este punto sumamos que tú sabes lo que quieres, pues ahí está, yo
no figuro en tu vida —inhaló— Y no voy a dejarla por un asunto de unos cuantos
días— exhaló.
Mi corazón se rompió al paso explosivo de la sangre verde de mi
ser; The Lonely Man Theme nunca acompañó a una tristeza como la mía. Dos días,
tres meses ¿cómo saberlo? ¿cómo sabemos si habrá amor después del enamoramiento?
Lo que sabía todavía hace unos meses fueron eran las omisiones. Como es “buena
persona” me dejó un listado de alternativas; la condescendencia nunca había sido
tan dura.
¿Cuál es la pauta?
Defenderse es un derecho, quedarse callado un acto
de amor. Pero él no sabe estas cosas, seguro no las ignora y por eso improvisa,
saca sus tibiezas; pero como Ygrite, conozco las vicisitudes del mundo salvaje,
por ejemplo, que el buen sexo vincula y el deseo no hace compromisos
convenencieros.
El Amor
Qué clarito lo dice la Chiaraviglio, amar se asocia a la
perdida de la libertad; perder-se es enamorarse, éste es un acto irremediable e
inconsciente, pero amar es la más pura expresión de la voluntad de ser y dejar
ser, el acto más consciente. Enamorarse es socavar en las carencias de la
infancia, escarbar en nuestras resistencias. Cuando se ama hay una construcción
del sí, para uno mismo y el otro; la pauta es pues, tirar abajo sistemas de
creencias, aun de las religiosas.
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Y las mamadas, hay de dos: las amadas
mamadas y las chingaderas.

Las chingaderas
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