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| Helnwein, G. Self Portrait. 1977 |
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—Hoy
se casa mi hijo— la cabrona se atrevió a llamarme nada más para dar aviso del
punto final de una relación que yo ya no quería. En cuanto colgué se quebró mi
garganta. Lloré un día. Luego, años después, logré lo que en realidad deseaba
para mí: un amante que regresa cuando sabe que debe regresar. No un esposo. No
un novio. Yo lo quería, pero no estaba en mis planes casarme. Luego, años
después, en mi vida tengo a un alguien que va y viene cuando yo se lo permito. Eliza,
yo tengo una vida plena ¡no por el amante! Mi vida es mi voluntad, eso.
Creer y Tener fe
La
Biblia no es diccionario. Ni ensayo. Ni estudio “de…”. La Biblia, así
llanamente, es un libro ¿de ficción? Bueno, pues entienda lo que usted guste. Escribió
Antonio Aguilar “mi gusto es ¿y quién me lo quitará? solamente Dios del cielo
me lo quita” y si Dios quita gustos, pero no existe ¡pues que chingados! Guste
lo que le dicte la voluntad.
Al
cristiano no le gusta creer que la Biblia es un libro sagrado, el clasificado
como sabe que la Biblia es un libro sagrado ¿la fe de la veracidad? No estoy
segura, parece que no, ¿o de dónde sale tanto ímpetu por comprobar la
existencia de algunos de sus personajes y hechos narrados? Tenemos fe en la
inspiración divina que recibieron los que la redactaron, en los que la siguen
editando, y hasta en las pruebas de carbono catorce.
“Creer
en”, “tener fe en”, no son lo mismo, así como tampoco “querer” y “darse el
gusto”. Yo tengo fe, mi gusto es.
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—¿Quién
tiene tiempo de demandas cuando hay días nublados? — ya no le dije más, lo dejé
con nuestros adolescentes. Por unos meses voy a disfrutar esto: no tengo que
regañar a nadie, ya no tengo que ir corriendo al super, no hay cervezas que
estorben en el refrigerador. No hay grandes eventos editoriales.
Estos
son días para salir y ser imprudente, días para entregarse. Entregarse o
dejarse ir ¿qué será mejor, entregarse a la injuria o dejarse llevar por el razonamiento,
el sentimiento vil y razonable del deber ser? Eliza, yo pensé que cuando mis
hijos crecieran sería más fácil, y mira, extraño muchísimo el estado civil, a
él no.
Patrañas
Mi
comadre, la Real, dice que la patraña es la invención urdida con propósito
de engañar. Indagar en la fe, la
veracidad y la ficción no es asunto –por ahora– acá el puno es dilucidar sobre
el concepto de amor en el cristianismo, ¿es un gaño, una falacia tropicalizada,
o la más bella fantasía?
Vaya
que es concepto difícil, no obstante, abordable. Como casi todos los conceptos
está rodeado de aristas que hacen confusa su biopsia, ya así nada más, pues es
un asunto hermenéutico que nos lleva a traducciones, tiempos, lenguas, tradiciones
–que si yahvista o sacerdotal– prácticas judías, conceptos neotestamentarios,
que Pablo, el helenismo.
Y
bueno, pues la cosa es que, si usted cree que estas aristas son patrañas, pues
ya no vale la pena seguir leyendo. El amor no es patraña, tampoco una canción
de Juanga, ¿es la impronta cristiana? Bueno, puedo adelantar que el concepto de
amor cristiano no es lo mismo que se entiende por enamoramiento, ese sí puede
ser patraña.

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