Tengo tres sueños recurrentes:
Mi amiga Aurora –mi Huck–, la vuelvo a ver. Ella se aleja de mí sin huir, la persecución siempre es la misma. Termina hasta que sube a un tren y se va agitando su mano. Sueño recurrente desde 1991.
Agua. El mar, azul profundo. Azul marino. Casi siempre tranquilo y luego crece, crece con grandes olas. Dejé de temer; ahora busco un lugar seguro o me dejo llevar por él. Ayer un gurú me dijo que el agua representa las emociones. Sueño recurrente desde 2005.
Tú. No, nada que ver con sexo. Nunca es cuestión de sexo. Siempre es un alivio verte, pero al despertar es una pesadilla ¿Qué no he dejado ir? ¿Qué estoy haciendo con tu recuerdo?
Sueño
diario durante 2 meses. Luego cesa. Regresó con dos noches seguidos.
Descifrar
Los sueños, en un contexto freudiano, son la conceptualización de los deseos. En algún punto tienen que ver con una fijación y con sexo, para él todo es siempre cuestión de sexo. Qué fácil así, dejarle todo a una eyaculación reprimida o frustrada, a una histérica reprimida o reseca. La insatisfecha. Se les olvida que las mujeres nos bastamos solas para un orgasmo.
Con Lacan es la no relación, lo imposible de decir. El sueño interpreta la vigilia. Reseñando su opacidad, revela lo indecible. El sueño resulta entonces una interpretación de lo real; porque acá, despiertos, hay reglas; pero dormidos, no. Lo que se dice del sueño, eso es lo importante, lo que el narrador nota. Lo que no puede ser nombrado se presenta en el fractal que reúne lo onírico y lo real.
El desciframiento del sueño promete un anagrama: la llave que lleva. Por fin abrir la puerta para entender. El misterio de un sueño es así, el deseo castigado en el rincón más oscuro de la mente o –prefiero pensar– lo necesario para dejar de soñarte. Monsieur Lacan, ¿qué no estoy diciendo?
Nombrar
Si descifrar, es decir, descifrar es parler ¿y cómo hablo si él ya no está para escuchar y responder?
Para los judíos nombrar algo es conocer su esencia ¿yo conozco lo que sueño? ¿por eso se me aparece?
Descifrar lo que hacemos y lo que omitimos acá –en lo real– es soñar, porque allá está lo más real de lo real. Para Lacan (leí por ahí) interpretar un sueño es el deseo de despertar, pero despertar es abrir los ojos para ver que se desea seguir soñando. No, yo no quiero seguir soñando.

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