“Fake Birthday”
Correo electrónico. Nombre, arroba, algo, punto, algo.
Aquí
está la postal prometida (bueno, una imagen que la remplaza porque no cuento
con el romanticismo necesario para comprar una) es una foto de Cala de San
Vicente, Ibiza; ahí donde prometimos ir, donde –digamos– paseaste con la chica
del bañador rojo.
Correo electrónico. Nombre, arroba, algo, punto, algo.
Casi
veinte años, pero aún no. Han pasado el tiempo necesario para no tener que
vernos ni hablarnos tan seguido. Ya somos más descripciones que verbo. Más
recuerdos que acontecer.
Ya
no hay más gusto, hemos desarrollado una especie de habilidad para crear
mintiendo y mintiendo ser felices en un pasado que pudo ser, pero no lo
olvides, no existió ¿Cómo! si hemos vivido en pausas.
Aquí
está la postal prometida (bueno, una imagen que la remplaza porque no cuento
con el romanticismo necesario para comprar una) es una foto de Cala de San
Vicente, Ibiza; ahí donde prometimos ir, donde –digamos– paseaste con la chica
del bañador rojo.
Traigo
un mood extraño, por eso puse canciones de nuestro invierno de 2004, cuando
teníamos fiebre de Chuck Berry, Robert Rodríguez, Guy Ritchie y guaguancó. Yo
traía esa canción de Ritchie Valens “Come on, let's go” y tú una de los “Beastie
Boys”, no recuerdo cual era porque nunca me gustó, pero me gustaba escucharte
cantarla porque casi no lo hacías.
A
tu salud, bebo una Guinness, porque es tu cumpleaños y se acerca la Serie
Mundial.
Ayer
vi una declaración de dependencia. Una chica caminaba por la calle con otra,
guardaban una distancia prudente. Una hablaba sin parar, la otra escuchaba. Así
diez cuadras. Cuando la primera se calló la otra la jaló para cruzar la calle
(como lazarillo), la llevó hasta la próxima cuadra. La chica dos retomó la
conversación. Empezaron a reír.
Ya
sé que estoy escribiendo en collage. Es sólo que tengo este mood raro, como nostálgico,
ya sabes, la saudade que me curo únicamente porque tengo que volver a viajar y
no sé cuándo regreso. También estoy dándole vueltas a tener que pedirte que
–otra vez– cuides de mi perro que sólo se lleva bien contigo.
Y
es que es octubre.
Y
es que no quiero volver a la selva a la que nunca fuimos.
La
llave está en la maceta de lavanda. Hay unas manzanas en la alacena, llévatelas
antes de que acaben de morir.
Te
escribo cuando llegué a donde sea que vaya a huir.
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