“#19 Calçada Olival, Blato, Lisboa”
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| Ramon Casas i Carbó, Retrato de Teresa Mestre de Baladia, carbón y pastel sobre papel |
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Debe existir otra manera, estoy muy segura, porque que si ya lo hice una
vez, puedo volver a convencerme de que no eres la gran cosa.
Cuando alguien no te habla es que…pues no le importas mucho en realidad.
Cuando le hablas a alguien que no te habla, andas limosneando afecto. Cuando
alguien conserva cariño poquitero para ti es que le importaste en un momento
pero no más.
Entonces, después de mis explicaciones, vienen mis propias
justificaciones con tu voz. Cosas que has dicho, frases sueltas, miradas, real concern. Yo quisiera verte diario,
bueno, cada fin de semana, vamos, una maldita vez al mes pero creo que cada vez
quieres saber menos de mí, y yo ya no quiero ser una molestia.
Ya llegué, hui a Lisboa.
El número diecinueve de la Calzada Olival, es un edificio de dos pisos,
de marcos blancos en las ventanas, puerta mitad vidrio, mitad aluminio. La
fachada es de azulejos blancos con azul. Juntas las esquinas de cuatro de ellos
forman un octágono.
Una de las ventanas está rota, y se ve que una persiana cuelga
desvencijada. El barrio no es el más elegante, pero sí el más prometedor,
porque se encuentra en un barrio hermoso, la casa de huéspedes es barata; a
media cuadra hay un brillante hidrante rojo.
Tomando la Rua del Beato, se pasa por una fábrica gigantesca y luego por
un edificio invadido por la hierba y tapiadas sus puertas con ladrillos. Es una
calle pintoresca, con cara de calle vieja pero con gimnasio moderno y
restaurante bar como de La Lagunilla. Se llega entonces al otro lado de la
fábrica, se toma la avenida Infante Dom Henrique, ahí, empieza un fuerte olor a
mar.
Se tiene que rentar auto porque la zona del hostal es de fábricas. Es
hasta la avenida Ribeira das Naus que puedes verlo, infinito. Costa, no hay arena;
esa se encuentra hasta la Playa de Caxias. Hay que bajar hasta la Playa de
Carcavelos. Cerca hay otros hostales, pero pierden el encanto de la zona vieja
de las fábricas.
Bajando por la costa se llega hasta la Boca del infierno, un inmenso
hoyo negro rodeado de rocas. Desde ahí, desde las rocas, el mar ya es otro, es
de un azul profundo. Si continúas rodeando la costa de Lisboa el clima cambia,
es boscoso. La playa es de rocas hasta la Playa Cresmina. Ahí es a donde
realmente quiero ir.
No hay mucho que envidiar, las playas europeas no son la gran cosa… pero
yo quiero ir contigo. Ven, vamos a Playa Cresmina, ya muy cerca está España.
Podemos ir a Valencia...ya sabes. Luego a Barcelona, Gaudí y el Parque Joan
Miró. El Turó parc que es hermoso. Castillo de Montjuïc. Al final el País
Vasco, a Tolosa. Ven, porque acá no tengo a quien llamar, sí, supongo que no lo
contemplé cuando planee huir ¿A quién voy a correr ahora cuando ya no tenga
ganas de seguir viviendo? ¿Quién va a leerme?
P.D. Estoy viendo la posibilidad de traer a Teobaldo. Poda la lavanda.
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